A principios de invierno del año 1347 un pastor que dormía la siesta en una cueva a mitad de montaña quedó sepultado. Cuando fueron a buscarle porque no llegaba a su casa comenzó una gran ventisca y nadie salió en su ayuda. Mientras los días pasaban, el pastor fue comiéndose sus pocos víveres.
El temporal no remitía y el pastor muerto de hambre se cortó el pie izquierdo y se lo comió.
Esa noche una pesadilla le despertó. Notó algo raro en donde antes estaba su pie izquierdo, levantó la manta con que se cubría y no dio crédito a lo que vio. Su pie estaba volviendo a crecer.
Cuando llevaba un rato tocándolo y comprobando que no era una alucinación sino un milagro volvió a dormirse.
En los días siguientes la alegría de ver su pie nuevo fue difuminándose y empujada por el hambre que volvió a sentir. Después de meditarlo mucho no tuvo más remedio que volver a cortarse el pie.
Al día siguiente cuando se despertó no pudo creer que le hubiera vuelto a crecer. Dio gracias al cielo y volvió a cortarse el pie.
Así pasó todo el invierno y las primeras semanas de la primavera hasta que un día el grupo de hombres que fueron en su ayuda meses atrás dieron con él.
Al quitar las piedras y dar con el hombre que imaginaron muerto salieron huyendo asustados. El hombre desconcertado y a la vez lleno de alegría salió detrás de ellos explicando el milagro. Uno de ellos se dió la vuelta, muerto de miedo desenfundó su espada y se la hundió en el pecho.
FIN
